Las historias jamás contadas

 “El lugar más feliz del mundo”es la última obra del periodista español David Jiménez (Barcelona, 1971). En su libro, el escritor recoge algunas de las historias que ha vivido durante sus últimos quince años trabajando como corresponsal para el periódico “El Mundo”.

“Quizá hay lugares a los que no se debería volver. Los visitaste tiempo atrás, guardas un recuerdo de cómo eran, de cómo eras tú cuando estuviste en ellos, y al regresar te das cuenta de que todo ha cambiado. El lugar. Tú. La nostalgia es una pésima compañera de viaje. Te distrae de lo nuevo. Te arrastra a lo conocido. Y una vez allí te susurra con malicia: “¿Te das cuenta? Nada permanece”.

Estas son las primeras palabras con las que el escritor introduce el libro. Conforman un preludio de lo que el lector se puede esperar de el, a la vez que resumen a la perfección la sensación que toda persona que se identifique como viajero, que no turista, ha sentido en alguna ocasión.

A medio camino entre las crónicas periodísticas y el relato de viajes, David Jiménez obsequia al lector con una amplia colección de escritos sobre algunas de sus experiencias vividas como corresponsal en Asia durante la última década.

De esta manera, “El lugar más feliz del mundo” está formado por varias crónicas divididas en seis apartados diferenciados bajo los siguientes nombres: Lugares, fronteras, Calles, Celdas, Amaneceres, Retornos.

Cada una de estas crónicas, que el periodista catalán relata como narrador omnisciente, conforman diferentes historias protagonizadas por todo tipo de personas en lugares muy dispares. Jiménez viaja a lo largo de todo el continente asiático con el objetivo de descubrir, conocer y contar historias que nunca hayan sido antes contadas. Estas surgen dentro de situaciones que ponen al límite la condición humana: guerras, desastres naturales o revoluciones son algunas de ellas.

Un claro ejemplo de esto es la historia que el escritor cuenta sobre Vo Thi Mo, una ex guerrillera que luchó en la guerra de Vietnam contra los americanos. Desvela que el odio que llegó a sentir hacia sus contrincantes desapareció cuando, a punto de disparar a un soldado americano, éste le mostró una fotografía de su familia. Fue la primera vez que no mató al enemigo teniendo la oportunidad de hacerlo, ya que tal y como ella afirmaba, dejó de verlo como tal.

Por otro lado, en “El lugar más feliz del mundo” el corresponsal también deja lugar para reflexionar sobre el oficio del periodismo. Entre sus reflexiones destaca la siguiente: “El oficio del periodista había cambiado radicalmente. Atrás quedaban los tiempos en los que podías dedicar gran parte del día a recoger información para escribirla al final de la jornada. Internet exigía ahora actualizaciones constantes y dejaba poco tiempo para profundizar. Contaban más la rapidez y la cantidad: mi trabajo había dejado de gustarme tanto como solía”

A través de sus crónicas, el periodista cumple con muchas de aquellas reglas y consejos no escritos que un periodista de viajes o alguien que se considere un viajero debe practicar.

En primer lugar, el periodista de viajes debe librarse de todo tipo de prejuicios con respecto a otras culturas. Aprender a respetar los valores de uno mismo con la misma fuerza que los de los demás. Es un ejercicio que en muchas ocasiones puede suponer un reto de gran dificultad, pero es la única manera en la que el viajero podrá integrarse en el lugar visitado.

En segundo lugar, el periodista tiene que buscar la historia en las personas que viven en el sitio al que va, ya que sólo a través de su perspectiva podrá descubrir la verdadera esencia del lugar y del viaje en sí. Con relación a esto, el periodista de viajes debe dar voz a aquellas personas sobre las que escribe sus crónicas sin robarles en ningún momento su protagonismo, en este caso el mismo debe permanecer en un segundo plano.

Tercero, es necesario hacer referencia al título del libro, que también lo es de una de las crónicas del periodista durante su estancia en Corea del Norte, donde los habitantes entrevistados por él aseguraban estar en “el lugar más feliz del mundo”. El viajero no debe viajar con el objetivo de escapar de algo, ni intentando encontrar el tan ansiado lugar más feliz del mundo, ya que tal y como Jiménez asegura, a menudo se encuentra en el interior de uno mismo.

Por último, resaltar una de las reflexiones realizadas por el autor de “El lugar más feliz del mundo”, que hacen referencia a la vida del viajero como alguien decidido a no ser un turista:

“El viajero ha pasado a ser una especie en extinción en un mundo tomado por turistas. Como les tiene aversión, se pasa la vida huyendo de ellos. Les observa con condescendencia, repitiéndose que no es como ellos y forzándose a marchar cada vez más lejos para no encontrárselos. Quiere ir allí donde todavía le reciben con sorpresa. O mejor aún: donde no le recibe nadie. Busca, sin terminar de encontrarlo, el fin del mundo. Pero, ¿dónde queda?”

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