Repaso a la historia de la ciudad de los tres nombres

La construcción de San Petersburgo no se puede entender sin una guerra, la que ocurrió entre Suecia y Rusia entre 1700 y 1721, o también llamada como “La Gran Guerra del Norte”.

En ese momento Suecia gobernaba casi media Europa, pero para no sentirse amenazada de ninguna potencia también necesitaba el control total del mar Báltico, dónde Rusia tenía una gran presencia. Para combatir la amenaza sueca, el zar Pedro el Grande ordenó construir la fortaleza de Pedro y Pablo. Justo después, la ciudad que florecía a sus alrededores fue nombrada San Petersburgo.

Las primeras piedras de la nueva capital fueron puestas el 27 de  mayo de 1703. Numerosos arquitectos rusos y extranjeros, como Domenico Trezzini, Jean-Baptiste Leblond, Bartolomeo Rastrelli y otros más, tomaron parte del proyecto de Pedro el Grande y trabajaron para construir edificios parecidos a los estándares europeos del momento. De hecho, el zar soñaba en construir la “Venecia del Norte” con muchos canales y puentes.

Después de la victoria contra Suecia (1721) y la muerte de Pedro el Grande en 1725, San Petersburgo perdió la capitalidad en favor de Moscú, lo que hizo que la ciudad empezara un breve período de decaimiento. Pero con la coronación de Ana Ioannovna la ciudad volvió a recuperar su capitalidad. Además, recuperó las ideas de Pedro y la ciudad fue progresando, aunque no se tiene que olvidar que el principal motivo de la existencia de la ciudad era proteger Rusia de los suecos.

No fue hasta el reinado de Elisabeth Petrovna (1741-1761) cuando San Petersburgo empezó a brillar con luz propia. El barroco ruso de este período fue presentado en diferentes obras maestras como el Palacio de Invierno, la Catedra
l de Smolny, la Catedral de San Vladimir y el Palacio de Anichkov.

Otro período glorioso para la ciudad fue justo después de Elisabeth, en el momento en que Caterina la Grande (1762-1796) accedió al trono. En sus más de 30 años de reinado, San Petersburgo pasó de tener 60.000 habitantes a 230.000. Además, bajo el estilo arquitectónicdescargao del nuevo clasicismo se construyeron diferentes edificios como la Academia de las Artes, el Palacio de Mármol, el Viejo Hermitage o el Palacio de Tauride entre otros. También este período fue brillante para Rusia, ya que conquistó Crimea y la costa norte del mar Báltico, además de recuperar las regiones rusas que estaban bajo el control de Polonia y también se unió Curlandia.

El siglo XIX es considerado la edad de oro del arte ruso. En este período se construyeron las Catedrales de Kazán e Isaac, los Palacios de Mariinsky y Mikhailovsky, la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada, el caballero de bronce (en conmemoración a Pedro al Grande), y muchos más. En esta época, la ciudad empezó a adquirir la forma que tiene en nuestros días: calles rectas, puentes, canales y edificios uniformes. Pero no todo en San Petersburgo era belleza y gente rica, también empezó a florecer una clase urbana pobre que iría cogiendo fuerza y marcaría los hechos históricos de principios del siglo que estaba al caer.

A principios del siglo XX, durante el reinado del último zar Nicolás II, San Petersburgo fue renombrada Petrogrado. Rusia estaba en guerra con Japón, una guerra que al final perdió, siendo la primera potencia europea en la historia que perdía contra una potencia no europea. Además de eso, se introdujo el rublo convertible que desencadenó una grave crisis económica que afectó las industrias mineras a las industrias mineras, al sector bancario y la vida de millones de rusos, que hicieron que el sistema administrativo se empezara a resquebrajar.

Esa crisis hizo que empezaran a aparecer partidos políticos mientras el descontento social a causa de la guerra contra Japón provocó las primeras huelgas. Por eso, la revolución de 1905 ocurrió como respuesta a las malas políticas que se habían llevado a cabo. Nicolás II intentó en el último momento reconducir la situación garantizando ciertas libertades civiles, pero llegó tarde porque las revueltas ya se habían extendido en todo el país. La brutalidad con que se apaciguaron éstas, hizo que el Partido Bolchevique no parara de nutrirse de nuevos afiliados que llevarían al cabo de unos años el final de los emperadores en Rusia.

Con la Primera Guerra Mundial, Rusia todavía se empobreció más. La gente iba abandonando el campo y empezaba a emigrar a ciudades que cada vez eran más pobres por la escasez de recursos y el aumento de población. En los días 25 y 26 de febrero de 1917 hubo una huelga general en medio de una enorme confusión. El día 27 los hombres de la guarnición de Petrogrado decidieron juntarse a los huelguistas y casi obtuvieron el control de la ciudad. Días después, el 2 de marzo exactamente, el zar Nicolás II abdicó. Un comité de la Duma (parlamento ruso) formó un nuevo gobierno provisional. Pero con la guerra todavía en marcha el nuevo gobierno fracasó en todos los intentos de solucionar los problemas del país.

Mientras tanto, Vladimir Lenin, todavía exiliado en Zúrich, dio las indicaciones necesarias para que su partido, el bolchevique, tomara las riendas de la revolución que se avecinaba. En octubre de 1917 triunfó la revolución bolchevique con lo que se acabó la dinastía de los zares y empezó la época soviética en Rusia. Una de las primeras medidas que tomó Lenin fue llevar la capital de vuelta a Moscú en 1918, ya que éste tenía miedo que Rusia sufriera una invasión extranjera, por lo cual quería alejar lo máximo la capital de las fronteras.

Cuando Lenin consiguió el poder, se encontró un país en la ruina. A pesar de las fuertes medidas económicas que impusieron los bolcheviques, la economía rusa no despegaba con lo que se produjeron revueltas que querían instaurar la monarquía de nuevo, aunque todos los intentos fueron infructuosos.

Todo y la crisis económica, San Petersburgo (todavía llamada en esa época Petrogrado) empezó a cambiar. El campo de Marte se convirtió en un jardín con la cara de Ivan Formin dibujada. También empezaron a aparecer en la ciudad distintos monumentos de granito que conmemoraban a los revolucionarios caídos durante los hechos de octubre de 1917.

Con la muerte de Lenin y la posterior subida al poder de Stalin en 1924, Petrogrado fue renombrada a Leningrado en conmemoración al líder que hizo posible la revolución.

Ya en los años 40, antes de que la Alemania Nazi invadiera la Unión Soviética, la ciudad se había convertido en una de las mejores cultural y científicamente hablando del mundo, donde Pavlov, Ioffe y muchos otros trabajaron y vivieron. También se construyeron nuevos institutos de investigación, zonas de hogares y puentes. Además, la ciudad se expandió con la creación de nuevos distritos. Pero todo este nuevo desarrollo quedó interrumpido con la irrupción de la Segunda Guerra Mundial.

En el momento que los aviones nazis empezaron a bombardear las ciudades soviéticas el 22 de junio de 1941, en Leningrado empezó el trabajo de evacuar millones de obras de arte. El sitio de Leningrado fue el período más duro para la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial (o Gran Guerra Patriótica, como es conocida en Rusia). El plan alemán era arrasar com0012203336pletamente la ciudad y con ello llevarse la vida de la mayoría de sus habitantes. Éste empezó el 8 de septiembre de 1941 al 27 de enero de 1944, unos 900 días y noches en que la ciudad sufrió hambre, sufrimiento, bombas y muertes. Por suerte, los habitantes y los soldados rusos pudieron repeler los ataques alemanes y éstos nunca pudieron llevar a cabo sus planes, pero no dejó de ser una defensa sangrienta ya que en ella murieron cientos de miles de personas. A día de hoy, se pueden encontrar en San Petersburgo memoriales a los que murieron y ayudaron a que la ciudad se mantuviera en pie.

Después de la guerra y a causa de la artillería y los bombardeos, Leningrado era una ciudad de ruinas. Pero los esfuerzos de los ciudadanos y las administraciones hicieron que rápidamente se recuperara. Ya, en 1949, la industria de la ciudad había recuperado los niveles anteriores de la guerra. Los museos y palacios también se iban reabriendo. En 1955, se abrió la primera línea de metro. En solo 10 años después de la guerra Leningrado era otra vez una de las gemas culturales y arquitectónicas más importantes del mundo.

A mediados de los 80 la incompetencia económica del Partido Comunista llevó el país al borde de la catástrofe, por lo que se llevaron a cabo nuevas reformas en las que se pretendían mejorar las condiciones sociales. Pero estas reformas llevadas a cabo por Gorbachev no obtuvieron sus frutos y lo que llevó a la Unión Soviética al borde del colapso. El 25 de diciembre de 1991, después de unos meses políticamente convulsos con golpes de estado entre medio, la Unión Soviética llegaba a su fin y se disolvía, con lo que volvía a nacer Rusia.

En 1991 Leningrado pasó a llamarse San Petersburgo de nuevo, nombre con el que conocemos la ciudad hasta día de hoy. Aunque los primeros años después de la ruptura soviética fueron duros, a principios de los 2000 el país empezó a recuperarse económicamente y San Petersburgo pudo celebrar sus 300 años de historia, en 2003, con todo su esplendor.

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