Mini-guía Horta y Guinardó

CORRIENDO POR EL PASADO

1

Horta-Guinardó es el tercer distrito más extenso de Barcelona, situado en la parte alta de la ciudad, entre los distritos de Gracia y Nou Barris. Es la zona residencial, lejos de bullicio de la cuidad, que conserva aún el espíritu del pueblo. Paseos por las calles inclinadas dan una sensación de pertenecer a otra cuidad; pequeña y muy tranquila. Horta tiene poca vida nocturna y carece de boutiques, sin embargo ofrece a sus habitantes y visitantes numerosos bares y cafeterías con una atmósfera familiar e
historia interesante. Para los amantes de la naturaleza y el aire puro, Horta-Guinardó ofrece espacios abiertos y arbolados para hacer running o dar largos paseos en un ambiente familiar.

El distrito de Horta consiste en 11 barrios, cada uno digno de explorar. En la guía está presentado el de El Guinardó, que incluye lugares de interés histórico, turístico y deportivo. Presentamos una ruta de 2.5 km con el inicio en la estación de metro Guinardó/Hospital de Sant Pau (línea 4). Durante el trayecto encontraremos una masía del siglo XIV Mas Guinardo, que dió el nombre al barrio; una plaza tranquila, la del Nen de la Rutlla; el parque forestal y tortuoso El Guinardó; el Turó de la Rovira – un espacio que es patrimonio de la ciudad y tambén el único mirador de la cuidad de 360 grados, que además fue uno de los puntos de defensa de la ciudad más importantes durante de la Guerra Civil española y asimismo el lugar donde se construyeron las barracas que albergaron a inmigrantes del país en la época de posguerra. Terminamos la ruta en el bar Las Delicias, que lleva abierto desde los años 20.

A nuestros lectores les daremos a conocer información valiosa sobre una parte de la ciudad, lejos de los circuitos turísticos de Barcelona. En el recorrido por estas páginas se encuentra información de lugares que han sufrido transformaciones según las necesidades de su utilización y los cuáles fueron abandonadas durante largos periodos de tiempo. Sin embargo hoy en día se han recuperardo para formar así parte de la memoria histórica de la ciudad, adaptados para ser recorridos por sus visitantes.

De este modo, nuestro objetivo es mostrarle al lector algunos secretos de Barcelona, como así motivarle a pasar su tiempo en el entorno natural e histórico.

2

MÁS GUINARDO

Empezamos la ruta subiendo por la calle Juliol para llegar a la plaza Salvador Riera, donde encontramos el Mas Guinardó. Esta masía data del siglo XIV, y si por un momento viajáramos a esa fecha tenemos que pensar que esta zona, en la actualidad parte de la ciudad, estaba rodeada de arbustos, árboles, campos de cultivo y agua, que bajaba de la sierra de Collserola a través de torrentes que a su paso iban formando fuentes.
Esta edificación tiene mucha historia, y además dio nombre a la zona, el Guinardó. Hay dos leyendas de cómo surgió el nombre: la primera dice que su nombre viene de “guinarda”, como se llamaba zorro en catalán medieval, y según documentos esta área estaba llena de zorros en la edad media y además había un torrente que se llamaba guinarda; la otra leyenda dice que el nombre proviene de uno de los habitantes de la zona del Guinardó, Perot Rocaguinarda, un bandolero de Osona (una comarca de Catalunya) que vivió un tiempo en Barcelona. La zona del Guinardó en esa época era perfecta para esconderse por sus bosques, y la leyenda también cuenta que bajo la masía había un sinfín de pasos subterráneos que llevaban al centro de la ciudad, por los cuáles Rocaguinarda conseguía escaparse. La fama del bandolero fue tan grande que hasta el mismo Cervantes quiso visitarlo durante su estancia en Barcelona, y además lo hizo aparecer en su obra maestra, “El Quijote”, bajo el nombre de Roque Guinart, un personaje que acompaña a Don Quijote y Sancho Panza durante sus andaduras en la ciudad de Barcelona.
Pasados unos siglos, el Mas Guinardó fue un lugar militar estratégico gracias a su ubicación geográfica como punto elevado de la ciudad. Un ejemplo de su importancia militar fue en los siglos XVII y XVIII, cuando se dirigieron 3operaciones militares durante dos guerras, “la guerra dels segadors” i “la guerra de successió”.
Más adelante, después de que la masía pasara por diferentes manos, a principios del siglo XX, exactamente en 1906, la masía se transformó en sede de la Asociación de propietarios y vecinos del Guinardó, una función social que dura hasta la actualidad. Además, durante las últimas obras de rehabilitación, se descubrió que la masía tenía más historia de la que se suponía, ya que se descubrió en el subsuelo un refugio antiaéreo que fue utilizado durante la guerra civil española (1936-1939).

PLAZA DEL NEN DE LA RUTLLA

Si continuamos subiendo, nuestro siguiente punto destacado será, la plaza de “el nen de la rutlla”, en castellano “el niño del aro”.

Es uno de los lugares más emblemáticos del barrio de Horta i Guinardó. En enero de 2011 se cumplieron 50 años desde que la escultura de este niño de pantalón corto apareció para quedarse, provocando desde entonces un gran cariño por parte de los vecinos de la zona. Su origen se debe a un concurso que convocó el ayuntamiento de Barcelona en 1961, con el objetivo de embellecer las plazas de la ciudad con esculturas. La obra de Joaquim Ross i Borafull (1901-1991) fue una de las ocho piezas de entre las 128 presentadas en ganar.

Durante varios años el lugar donde se encuentra la escultura se llamaba Plaza de Francesc Puig Alfons, pero fue tal el efecto que causó que en el 2001 pasó a llamarse Plaza del nen de la rutlla. Son pocas las veces en las que una escultura ha cambiado el nombre de una plaza como ha pasado con esta. Este niño jugando con su aro se ha convertido en un símbolo del barrio.

Aparte de ser el lugar de encuentro de los vecinos, el nen de la rutlla es también la entrada al parque del Guinardó, que cuenta con una superficie de 16 hectáreas, conformando uno de los espacios más verdes dentro de Barcelona. Es un sitio perfecto para hacer una parada y descansar en uno de los bancos que dispone y así enfrentarse a las siguientes escaleras y cuestas que se encuentran a continuación.4

PARQUE DEL GUINARDÓ

El Parque Guinardó es un lugar único en el que se combina la majestuosidad del bosque con la belleza de los arbustos, donde el agua se convierte en una figura relevante que engalana este híbrido espacio.

Se considera una de las áreas verdes más extensas y con mayores contrastes de Barcelona, alejada de las rutas populares entre los turistas. Está integrada por tres zonas: una urbana, otra histórica y por último, en lo más alto, la vegetación forestal. A principios del siglo XX era una finca con vista al mar que pasó a ser propiedad del municipio en 1910. La parte histórica fue la primera en construirse, obra de los paisajistas Jean-Claude-Nicolas Forestier y Nicolau M. Rubió i Tudurí.

El parque urbano

En este espacio está la plaza del “Nen de la Rutlla”. El área está formada por terrazas que se ubican en distintos niveles, separadas por taludes con césped, árboles y arbustos. Perfectas para comenzar a calentar y prepararte para el camino ascendente, que sin duda pondrá a prueba tu condición física.

El parque histórico

Un espeso jardín se va extendiendo hacia lo alto de la montaña, siguiendo el eje de un torrente mediante terrazas conectadas por caminos y escaleras de piedra. En la parte alta encontrarás una pila desde donde apreciarás la primera de las maravillosas vistas de la ciudad que se contemplan en este parque.

5

El parque forestal

Está formado por una gran arboleda que va extendiéndose cuesta abajo y rodea la parte más alta de la zona histórica. Para descansar un poco, puedes contemplar el paisaje desde el mirador Mitja Lluna, ubicado junto a la plaza del mismo nombre o, si lo prefieres, puedes hacerlo en el mirador de Sant Joan, desde donde puede verse Sant Pere Mártir hasta Montjuïc y Montgat, en los días más despejados. En verano es perfecto para comer en la zona de picnic por el clima fresco.

La Font del Cuento

En el área histórica del parque se encuentra la famosa Font del Cuento, de J. C. N. Forestier. Aunque ya existía desde tiempos antiguos, fue revestida con piedra rústica y se le integraron en la parte frontal unas inscripciones sobre piedra que datan de 1739. Se cree que debe su nombre a que mientras la gente esperaba para recoger agua, ya que comúnmente fluía poca, pasaba el tiempo charlando y narrando cuentos. Otra versión popular es que a menudo había parejas que se perdían por los rincones aledaños a la fuente y por ello se decía que había mucho cuento.

6

TURÓ DE LA ROVIRA

Y finalmente, llegamos al punto de la ruta más destacado a nivel histórico y cultural. A 262m de altura, uno de los puntos urbanísticos más altos de la ciudad de Barcelona, se encuentra el Turó de la Rovira (que forma junto al Turó del Carmel y al Turó de la Creueta del Coll el conocido Parque de Els Tres Turons de Barcelona) conocido principalmente por ser uno de los puntos de defensa que se utilizó durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y posteriormente convertido hasta casi los años 90’ en núcleo de barracas.

Si hay una palabra que define la actuación y el papel que jugó la ciudad de Barcelona en la Guerra Civil, esa es sin duda RESISTENCIA. Barcelona no fue un lugar estratégico políticamente hablando, ni especialmente vinculado al partido republicano, pero tenía un interés mayor si cabe. La ciudad se había convertido en el centro armamentístico e industrial más importante del país. Aquí se construían la mayoría de las armas, y su evolución industrial, ya desde la I Guerra Mundial (1914-1918) había sido mucho más notable que cualquier otra ciudad del país. De ahí el interés del bando franquista por destruirla.

Además, el Gobierno del País Vasco, había trasladado parte de su sede a Barcelona, tras los diversos ataques sufridos, entre ellos el famoso Bombardeo de Guernica, en abril de 1937. Por tanto, la ciudad se convirtió en el objetivo principal de las fuerzas aéreas que bombardearon Barcelona para advertir a la población de lo que podía suceder si se rebelaban.

Hubo ataques a fábricas, vías de comunicación, puertos marítimos, ataques directamente en contra de la población indefensa. Las zonas más afectadas, fueron sobre todo las más próximas al mar, ya que las fuerzas aéreas alemanas bombardeaban Barcelona desde la proximidad de la Isla de Mallorca. Barceloneta, Poblesec y la zona marítima de Poblenou fueron los que sufrieron más pérdidas tanto materiales como humanas. La respuesta de la ciudad a estos ataques no se hizo esperar.  Se crearon dos sistemas de defensa nunca vistos hasta ahora, una defensa activa y otra pasiva.

Defensa pasiva: su objetivo primordial era la detención, prevención y defensa de la ciudad. En Junio de 1937 se crea la Junta de Defensa Pasiva de la ciudad, presidida por Josep Escofet.
Alarmas, ametralladoras en los tejados, vigilancia aérea, protección de comercios y sobre todo la construcción de refugios subterráneos fueron las acciones llevadas a cabo por esta Junta con la intención de proteger la ciudad de esto ataques aéreos. Los refugios son hoy en día un lugar de paso para muchos turistas y barceloneses interesados en conocer algo más del papel que jugó Barcelona en esta guerra tan sangrienta. Los más importantes son los de Sarriá, Gracia y el Tibidabo, que salvaran la vida a miles de personas.

Defensa activa: aquí es donde entra en juego el punto de la ruta que nos interesa, el Turó de la Rovira. Se crea la Agrupación de Defensa Aérea de la ciudad de Barcelona, al poco tiempo también del comienzo de la guerra. Su cometido era localizar y neutralizar en la medida de lo posible las bombas procedentes de los aviones de caza de la compañía alemana y más tarde también de la italiana.
Estos núcleos de defensa formaban un cinturón en la ciudad ubicándose sobre todo en la parte más cercana al mar, ya que desde allí era de donde procedían la mayoría de los ataques; y en la zona más alta de la montaña por su buena visibilidad. Montjuic y el Turó de la Rovira fueron los dos focos principales.
Allí como todavía puede apreciarse, vivían los oficiales voluntarios de la Agrupación de la Defensa, preparados para enfrentarse a cualquier ataque. Día y noche se formaban batallones de vigilancia que avisaban al resto de sus compañeros en caso de ataque aéreo y con unos cañones (hoy en día todavía se pueden apreciar los anclajes de dichos cañones al suelo) disparaban en contra de las bombas que se aproximaban a la ciudad.

A pesar de los esfuerzos, al finalizar la guerra las muertes civiles contabilizadas eran demasiadas, como en todas las guerras. Pero gracias al esfuerzo de toda la ciudad el número se pudo reducir considerablemente. Sin utilidad alguna, cuando el país volvió a “la calma” estos habitáculos subterráneos quedaron deshabitados y abandonados.
7

LAS BARRACAS

En los años 40’ en la postguerra y plena dictadura franquista comenzaron a llegar a la ciudad de Barcelona inmigrantes en busca de trabajo desde todas partes de España, pero especialmente desde Andalucía y Murcia. Una de esas niñas que llegaba a la ciudad desde su Granada natal, fue Custodia Moreno que en 1947 aterrizó con sus padres y su hermano con tan solo 4 años.
Llegaban de Granada a un piso en la zona de Gracia que le habían conseguido unos amigos. Cuando llegaron, se encontraron con que ese mismo piso había sido alquilado a otras tres familias y cada una contaba con una habitación y derecho a cocina. Ante tales condiciones, se mudaron a casa de esos amigos sin saber que se dirigían a lo que se convertiría en su casa por más de 20 años, las barracas del Carmel.

Eran los primeros años de estas barracas que habían empezado a surgir precisamente en esos habitáculos abandonados que habían servido de vivienda para los oficiales encargados de la defensa activa de la ciudad de Barcelona durante la Guerra Civil en el Turó de la Rovira. Pero la verdadera explosión de inmigración y por lo tanto de las barracas llegaría en los años 50’ creando núcleos por toda Barcelona.
Se llegaron a contabilizar 700 barracas en las que podían llegar a vivir hasta cuatro familias por barraca, en total, casi 3.500 personas viviendo en esas condiciones.

Al principio, el ayuntamiento se mantenía al margen, pero cuando las barracas comenzaron a aumentar considerablemente llegaron las represiones. Estas “cacerías” empezaban ya en la Estación de Francia donde los inmigrantes andaluces que no presentaban un documento acreditativo de vivienda o trabajo eran mandados de vuelta a su tierra. En las zonas de barracas, los oficiales del ayuntamiento iban derribando barracas que se habían construido en la clandestinidad en mitad de la noche con ayuda de todos los vecinos.

Las condiciones en las que vivían eran pésimas. No tenían luz, ni agua corriente, los deshechos los echaban en zanjas que cavaban los propios vecinos en la montaña y que iban tapando cuando se llenaban. En los años 60’ algunos de ellos empezaron a tomar conciencia de que aquella situación era insostenible y tremendamente injusta, que ellos merecían los mismos derechos que el resto de ciudadanos. En 1968, con Custodia Moreno a la cabeza, fueron a la comisaría de policía a pedir permiso para reunirse alegando fines de caridad hacia la comunidad de las barracas. Obtuvieron el permiso y ahí comenzó la revolución.

Asfaltado, contenedores de basura, alcantarillas, luz, agua potable…son derechos básicos de los que no disponían y por los que comenzaron a manifestarse de manera pacífica los vecinos. Al principio no eran muchos, el miedo a las represalias vivía demasiado impregnado, pero cuando consiguieron la primera mejora gracias a una manifestación se fueron uniendo más y más hasta llegar a ser más de 300.

Fueron consiguiendo todo lo que se proponían y finalmente en el 1977 después de más de 20 años salieron las primeras 123 familias de las barracas para mudarse a unos pisos cedidos por el ayuntamiento. 161 familias más se trasladaron en 1984 al barrio de Ramon Casalls. Fue un proceso muy laro puesto que los pisos se construyeron adaptándose a cada caso particular y se tuvo que acoger a todas las familias mientras se hacían estos pisos.

Los vecinos de las barracas no solo consiguieron las mejoras para su barrio si no que estaban presentes en todas las manifestaciones de la ciudad y ayudaron a conseguir otra serie de beneficios para toda la ciudad.

En 1990 salieron las últimas veinte familias a Nou Barris y con ellos se acabaron las barracas en Barcelona. Hoy en día la zona es Conjunto Patrimonial del Museo de Historia de Barcelona.

9

El día 31 de Marzo del presente año se inauguró el Museo del Turó de la Rovira, en el que se pueden ver estos búnquers/barracas que quieren conmemorar a todas esas personas que pasaron por allí conservándolos tal  y como quedaron de la época.

10

BAR DELICIAS

En la última parada de la ruta, nos encontramos con un bar histórico tanto para los que viven en el barrio del Carmel como para mucha gente de Barcelona.

El bar las Delicias del Carmelo, así es como se llamaba realmente, tuvo su apertura en los años 20, y  como todo el barrio del Carmel, que está construido sobre las laderas de la montaña y sus recodos, el bar se construyó dentro de una cueva natural, que actualmente sirve de almacén, y que durante la guerra civil, también se utilizó como refugio.

El Delicias, como se conoce actualmente, bar de comidas y tapas, servía de lugar de ocio y de encuentro para las gentes del barrio, familias numerosas de origen humilde. Allí se servía comida abundante y adecuada a los bolsillos de la gente proletaria.

En los años 60, el Carmel  como muchos otros barrios de la ciudad, ve aumentada su población por la fuerte inmigración,  que aprovecha hasta el último pedazo para construir su vivienda o barraca, continua utilizando El Delicias como lugar ideal de ocio, pero realmente se hace famoso por gran parte de los barceloneses gracias a la novela “Últimas tardes con Teresa” (1965) del escritor Joan Marsé.

Joan Marsé, no muy buen estudiante se movía por los barrios de Gracia, Guinardó y Carmel. Muchas de sus novelas tanto los personajes como los lugares se inspiran en estos barrios. La historia de amor de “Últimas tardes con Teresa” que enfrenta a dos personajes de diferente clase social (Teresa del barrio alto de Barcelona y Manolo de clase baja y de los barrios marginados de la ciudad) y que explica la realidad de la época, pone en el mapa para muchos barceloneses el Carmel y da fama al bar Delicias.

El Delicias ha pasado por diferentes dueños, pero siempre intentando preservar su estilo y ambiente de local de barrio, aunque las raciones han disminuido para adaptarse a la sociedad actual, calidad y precio son muy aceptables. Y para después de la visita de las baterías antiaéreas, recomendamos una parada en el Delicias para tomar un buen aperitivo, calmar nuestra sed con una caña y el hambre con unos mejillones y unas patatas bravas de dos colores.

BAR

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s